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sábado, septiembre 22, 2007

Peter Zumthor - El Material

"Todos los materiales tienen su propio lenguaje expresivo". Esta famosa máxima de Adolf Loos la reconoce Peter Zumthor como principio básico de su enfoque de la arquitectura. Como afirma el propio arquitecto: "en cada una de mis obras los materiales han ido dictando sus propias leyes (...). Los proyectos nacen de una idea en esta idea, y, en mi caso, viene siempre acompañada de un material. No concibo un modo de proyectar en el que se decida primero la forma y luego el material".

Continúa, refiriéndose a su aprendizaje en el taller de ebanistería de su padre: "Crecí construyendo cosas concretas (...). En este sentido, soy un carpintero, que intenta conocer los materiales con los que trabaja, sus límites, sus posibilidades, el efecto que el tiempo tendrá sobre ellos...".
En el caso del Pabellón suizo de la Expo 2000 de Hannover, la idea del proyecto se origina en una imagen frecuente y corriente: la manera en que se apilan los tablones madera en cualquier almacén de carpintería o ebanistería.



Los 3.000 m2 del pequeño edificio, de hecho, están construidos con 45.000 piezas de madera sin tratar, al natural, ensambladas sin cola ni materiales adhesivos. Las paredes, de 9 m de alto, dividen el espacio interno según una lógica laberíntica y complicada, mientras que los techos, realizados con vigas de alerce, se apoyan sobre vigas verticales de pino escocés.

Se sujetan con cables de acero unidos por anclajes de muelle de diseño sencillo y elegante, que "acompañan" a la madera en lo que tiene de material cambiante y vivo. En lo que se refiere a las posibilidades expresivas de este material, afirma Zumthor: "una vez me preguntó un colega español cómo me imaginaba yo una casa de madera. De pronto me vino a la cabeza la imagen de un bloque macizo de madera del tamaño de una casa, un volumen compacto hecho de estratos horizontales y esculpido en forma regular... Una casa así cambiará e forma, se dilatará, se contraerá, aumentará y disminuirá su altura; son fenómenos que deberían ser parte integrante del proyecto".


Por este motivo los materiales que usa en sus obras no reciben tratamientos que garanticen su duración en el tiempo. "Me preocupa mucho el envejecimiento de mis edificios, que sea barato mantenerlos. Yo persigo, con mi arquitectura, que duren, que perduren, pero me gusta introducir elementos y fenómenos naturales en mis obras que manifiesten el paso del tiempo. Por ejemplo, mi iglesia está hecha de madera. Como en las viejas fábricas, la fachada sur se oscurecerá con el sol y se ennegrecerá, mientras que la fachada norte adquirirá matices plateados".




En las Termas de Vals, por ejemplo, estos inauditos efectos expresivos se consiguen por medio del agua. El arquitecto explica: "El agua de las Termas de Vals tiene la particularidad de que se tiñe de rojo en contacto con el aire. Por eso en algunos lugares, al correr sobre el cemento ha ido depositando sus óxidos, dejando rastros rosáceos sobre el gris del cemento, creando un efecto bellísimo".

Vemos, pues, como luz, viento y lluvia quedan libres de entrar en el pabellón de exposiciones. El material parece "respirar" con los elementos naturales y seguir sus ritmos y sus cambios.



El efecto final recuerda a los templos japoneses, edificios que Zumthor parece amar en especial. Él mismo, de hecho, ha afirmado: "El espacio tradicional japonés se identifica (...) con los acontecimientos y los fenómenos que en él ocurren. O, por decirlo de otro modo: adquiere su sentido en relación con el tiempo que pasa (...)". Añade: "Una gran parte de mi manera de proyectar consiste, simplemente, es escuchar a los materiales que estoy utilizando, hacer caso de sus exigencias (...). En español las palabras "madera", "madre" "material" son parecidas".
No hace concesión alguna al formalismo ni en la pavimentación, una simple capa de cemento incoloro, ni en los escasísimos complementos, realizados en cristal y acero corten. La superficie lisa y azulada del cemento, gracias a su homogeneidad, pone de relieve los matices rosados y vibrantes de la madera, un agradable impacto material que la ausencia de techos propiamente dichos hace todavía más sugerente.


El encanto estético del edificio se consigue, además, con las texturas modulares de las vigas en constante y regular contraste de claroscuros con sus intersticios, que dibujan un diseño horizontal que en el interior se transforma con la notable altura de los paneles.

En el exterior, por el contrario, las líneas rigurosas y destacadas de los elementos metálicos, que constituyen la parcial cubierta del pabellón, marcan la presencia de los accesos, pensados éstos como cortes verticales en toda altura de evidente influencia de Wright. También la iluminación de los escasos espacios cubiertos se obtiene a través de líneas de gran pureza formal: las lámparas son simples tubos de corten que cuelgan del techo en varias filas.



El resultado es una arquitectura armoniosa, equilibrada, en la que la madera apilada sugiere continuamente una vocación efímera. Las referencias conceptuales son los enfoques proyectivos de Le Corbusier, su concepción de un espacio que sea funcional y estético al mismo tiempo, siempre dentro de la lógica de la arquitectura "del silencio, que habla sin estridencias, sin grandes gestos (...) porque las cosas que perduran son las que cumplen su misión en la forma adecuada. De ahí la necesidad de no molestar, el placer de las formas silenciosas, su sencillo existir, hasta que se conviertan, así espero, en parte integrante de la esencia de un lugar".





Más fotos: http://www.danda.be/gallery/architect/peter-zumthor/


FUENTES:

http://www.floornature.biz/articoli/articolo.php?id=21&sez=3&lang=es

http://www.flickr.com/search/?q=zumthor&w=86675534%40N00

http://www.flickr.com/search/?q=vals%20zumthor&w=65167751%40N00


viernes, septiembre 21, 2007

Enrique Norten / TEN ARQUITECTOS

Enrique Norten (Ciudad de México, 1954) pertenece a esa generación de arquitectos finiseculares (mejor dicho: fronterizos) como la catalana Carmen Pinó, el francés Jean Nouvel, o los norteamericanos Billie Tsien, cuya obra aparece con renovado lenguaje y un discurso de proyección universal, asumiendo el compromiso de la tecnología en el arte y la recuperación de la convivencia entre el hombre y el medio ambiente. No buscan el preciosismo, sino la eficacia del lenguaje espacial y el uso de alternativas formales en las estructuras y en la cinética urbana.

En 1985, Enrique Norten fundó TEN Aquitectos, taller con sedes en México y en Nueva York, en el que ha desarrollado su obra. Destacan la Casa O (1991), los Comedores Televisa (1993), La casa LE (1995), la Casa RR (1997), el Hotel Habita (2000), La Escuela Nacional de Teatro, el estacionamiento de la Princeton University (2000) y la Casa C (2004). Actualmente construye el Visual and Performing Arts Library, en Brooklin, y el Hotel Budapest, en la capital húngara, entre otras obras.

Además, Norten fue invitado para participar en el desarrollo JVC de Guadalajara, junto con otros arquitectos reconocidos (entre ellos el González de León), y fue jurado del Memorial del 11S en Nueva York. Se ha dedicado también al quehacer académico en distintas universidades y es fundador y miembro del consejo editorial de la revista Arquitectura.

En México, la arquitectura inmediata a Luis Barragán -con Legorreta, Agustín Hernández, González de León, Zohn o Serrano- se había endurecido a fines de los ochentas y, en algunos casos, petrificado; además, el creciente influjo de la arquitectura como un producto comercial, así como la especulación del suelo, agobiaba el desarrollo de nuevas tendencias de diseño, anclando el espectro imaginativo en la tradición, pero dejando de lado el hilo conductor de una reinterpretación “arquitectónicamente novedosa y necesaria” en el país.

Estas condiciones terminaron por darle paso a esta nueva generación de arquitectos (y Norten a la cabeza) de voz quieta y transparencia espacial, en contraposición al violento posmodernismo -que a ningún lugar ha llevado- y del high-tech, engrandecido por el mercado norteamericano y la industria del acero.

Manuel Larrosa definió la arquitectura posmoderna como “la huida hacia la mera apariencia”. Enrique Norten es uno de los arquitectos que ahora huyen de esa apariencia y establecen el discurso del diseñador y humanista, por encima del megalómano “creador”. De hecho, considera que el arquitecto “no es artista”, sino el profesional responsable de un diseño integral derivado de necesidades concretas y cotidianas. Con él se ha roto el prisma simple del racionalismo o el amaneramiento del tardomoderno; se relaja la arquitectura y cambia el rigor espacial por el ambient; se suavizan la luz y el color; se diluyen los muros en pantallas y retrocede el funcionalismo como sujeto inquisidor de las formas.


3 PROYECTOS

CASA RR - Mexico D.F., 1996




JAGUAR DEALERSHIP - Mexico D.F., 1997


EDIFICIO PARQUE ESPAÑA 47 - Mexico D.F., 2000





FUENTES:

http://www.ten-arquitectos.com
http://dantealejandro.blogspot.com/2006/05/enrique-norten.html